Carina Di Marco fue procesada, según confirmó la jueza del Crimen N° 3 Virginia Palacios, por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado, por su calidad de progenitora, respecto de la víctima, por su condición de guardadora y por mediar la condición de convivencia preexistente”. Esta imputación la coloca en un rol de “participación necesaria”.

Las pruebas que llevaron a la jueza a dictar el procesamiento fueron los abusos acreditados en el cuerpo de la menor (confirmados por los informes de los médicos forenses), y las pericias de los hisopados de la zona vaginal y anal de la víctima (los que confirmaron la presencia de semen).

“Atendiendo a las características de las lesiones en la víctima, me resulta inentendible que no pudiera conocer esta situación, entendiendo el lugar socioambiental en el que se encontraba la niña respecto de la madre”, dijo Palacios y agregó que “se ha logrado demostrar que Carina Di Marco tenía efectivo conocimiento de los abusos de los que era víctima su hija”, con lo cual la responsabilidad de Di Marco ha sido mayor.

Las pruebas contra la madre surgen de las declaraciones testimoniales recabadas en Mendoza, sobre todo a las maestras de la escuela. A través de estos testimonios, queda probado que “se manejaba y que se conocía abiertamente que Florencia era abusada”.

Las dos maestras que recibieron la noticia sobre los abusos se reunieron con Di Marco para ponerla en conocimiento y existen audios que confirman las versiones. “La madre contestó en ese momento que su hija era mentirosa, que no le hicieran caso”, dijo la jueza.

Asimismo, el abuelo de la nena manifestó en sede policial que Flor “era una nena resentida y que tenía miedo de que algo malo le pasara”. El padre de Carina Di Marco conto que Florencia le había contado que “sentía que de noche le zamarreaban la cama y que abrían la puerta de su cuarto”.

La madre del padrastro de la niña, acusado como el principal responsable de la muerte de Florencia, también declaró, comprometiendo a Di Marco al decir que tenía conductas extrañas, de índole sexual y que la madre la trataba de prostituta. También resaltó que le llamaba la atención que mandara a Florencia “a llevarle la ropa cuando Lucas Gómez se estaba bañando y que se quedaran encerrados”.

La madre tenía efectivo conocimiento pero permaneció inerte, indiferente. Prefirió dejarla a los designios de quien estaba socavando la integridad física, psíquica y sexual de su hija, finalizó la jueza.

 

 

 
 
 
 
 
 
 

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