A media mañana del paro general del 6 de abril, el cruce de Panamericana y la ruta 197 era un caos.

Varios piquetes –entre ellos, uno de docentes– cortaban toda chance de pasar. Volaban palos y piedras. El conflicto estaba en su pico de tensión. Gran despliegue de Gendarmería formando un cordón para evitar que el piquete crezca. Los gases lacrimógenos apestaban el aire. Los rehenes, la gente obligada por la intolerancia a no avanzar, formaban una interminable caravana de autos.

Pero hagamos foco en algunos de esos autos, donde iba gente vinculada a una operación extrema. Una cirugía en el corazón de un bebé recién nacido.

Llegó al mundo el día anterior: 5 de abril. Con una cardiopatía congénita detectada desde mucho antes del parto. Debía ser operado de inmediato. No había negociación posible. Se jugaba entre la vida y la muerte. Pero la intolerancia y la violencia no entienden razones.

No es la primera vez, en la larga historia de los piquetes y de la pasividad –y a veces la complicidad– de los gobiernos para dejarlos hacer su juego autoritario y prepotente, que alguien muere en una ambulancia porque no le abrieron paso.

Por fin, pasado el mediodía, la Gendarmería desalojó al piquete y los autos volaron hacia el hospital Austral, en Pilar.

La batalla en el quirófano fue de cuatro horas. Pero la historia había empezado mucho antes… Desde el primer diagnóstico fetal. Como en todo hospital como el Austral, donde se hace cirugía de esa especialidad, todo estaba preparado para el instante del parto. Se habían hecho ateneos de evaluación entre equipos interdisciplinarios: cirujanos cardiovasculares, obstetras, neonatólogos… Los estudios por imágenes eran constantes. No debía haber sorpresas. Pero siempre las hay. La emergencia. Lo imponderable.

Pero además de la expectativa técnica –la tensión de esperar el momento del parto y el posterior paso al quirófano–, había una profunda expectativa emocional compartida por los padres del bebé y todo el equipo listo para actuar.

¿Cuántos entraron al quirófano para la operación de este bebé? Sólo ellos lo sabían. El número no siempre era fijo. En todo caso, era un pequeño gran ejército… El cirujano y su equipo trabajaban sobre los ventrículos y las arterias pulmonares.

Al otro día del despeje de la Panamericana, uno de los médicos, que reserva su nombre, puso el bisturí sobre otro escenario. "Es muy triste que algo que debería ser normal se convierta en un hecho excepcional por la acción de unos pocos que determinan la libertad de paso de la mayoría… No queremos ser famosos por una operación normal que debió ser ignorada por los medios, y que sin embargo toma estado público por la anormalidad de un piquete y la decisión extrema de la Gendarmería… No es posible seguir viviendo así… Porque, ¿cuánto tardaremos en atravesar una situación similar, y tal vez el paciente muera?"

Ojalá que la respuesta no sea negativa. Porque no sólo se trata de la libertad constitucional de circular. A veces, de vivir o morir.

El cirujano jefe de la operación fue Christián Kreutzer, @maxplus92 su cuenta de Twitter. Allí define en su perfil: "Cirujano cardiovascular-marido-padre-amigo-Sailor. Racing Club-CUBA-YCA y JC. Amé a Maradona como amo a Messi. Alvearista-Rooseveltista-Lebensohnista-Sanzista". Aclaración: referancia a Franklin Delano Roosevelt, presidente norteamericano, Moisés Lebensohn y Ernesto Sanz. El primero, radical histórico.

El 6 de abril a las seis y un minuto de la tarde, Kreutzer subió una foto en la sala de operaciones y escribió en la red social: "Gracias a Gendarmería que liberó la Panamericana pudimos operar a este bebé de 24 hs de vida con una cardiopatía gravísima". Había finalizado una operación delicada en un día de tensión extrema.

Algunos usuarios respondieron agresivamente: "Qué argumento berreta el tuyo. Ningún hospital o sanatorio programa cirugías un día de paro anunciado con anterioridad". Berreta es el mensaje…

Desde el hospital Austral confirmaron que estas cirugías estaban programadas, ya que allí se hace medicina fetal –como en el Italiano y el Posadas–, previa reunión interdisciplinaria. El bebé debía ser operado en las primeras 24 horas después de la cesárea.

La reacción – esta vez positiva- por la misma vía no se hizo esperar. "Hacer cumplir la ley salva vidas". "Brillante el trabajo del Dr Kreutzer". "Qué fuerte ésto. Qué bueno ésto". "Si se hiciera la lista de toda la gente que muere rumbo al hospital por piquetes y atascamientos de tránsito… sería tremendo." "Gracias doctor, que Dios lo bendiga !! Y gracias a los gendarmes por estar y hacer respetar los derechos de los que quieren transitar libremente". "A los piqueteros no les importa la vida del otro". "Gracias a Dios! Qué buena noticia. Yo viví la cruenta experiencia: en ambulancia; piquete; con mi abuelo descompensado que tenía cáncer".

Y siguen los mensajes. Y los 10.632 retuits y 13.687 "me gusta".

El 6, mientras operaba al bebé, Kreutzer cumplió 50 años. Al día siguiente, a las 8.53 de la mañana, conmovido por lo que para él es su lucha diaria -salvar vidas- volvió a escribir en su cuenta: "A todos los que compartieron la historia de ayer les agradezco de corazón. Sin embargo, qué triste que lo normal sea noticia en la Argentina".

Fuente: Infobae

 
 
 
 
 
 
 

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