El 20 de junio de 1820, por avatares políticos, la provincia tuvo tres titulares efímeros. Meses después, con la elección de Martín Rodríguez, se inició una nueva etapa.

El rechazo a la Constitución unitaria de 1819, la búsqueda de un monarca para el Río de la Plata y la concentración de poder de Buenos Aires, ayudaron al surgimiento de un grupo de caudillos que expresaron un sentimiento republicano y federal, contrario a los intereses porteños.

La crisis no se hizo esperar. Las tropas entrerrianas y santafecinas se dirigieron a Buenos Aires en octubre de 1819 y el Directorio, tras la negativa de San Martín a desenvainar su espada para combatir a sus paisanos, le ordenó a la comandancia del ejército del Norte, bajar al sur. Pero al llegar a la posta de Arequito se sublevó a instancias del general Bustos, que se preparaba para apartar a la provincia de Córdoba de la obediencia de Buenos Aires. El director Rondeau recurrió a la movilización de las milicias y se enfrentó en la cañada de Cepeda con las tropas del litoral en febrero de 1820: su derrota fue definitiva.

Los vencedores, López y Ramírez, exigieron la desaparición del poder central, la disolución del congreso y la autonomía de las provincias. Bustos acababa de asegurársela a Córdoba, Ibarra lo imitó en Santiago del Estero, Aráoz en Tucumán, y se desintegró la intendencia de Cuyo dando origen a tres provincias: Mendoza, San Juan y San Luis.

Rondeau renunció.

También Buenos Aires se constituyó como provincia independiente, y su primer gobernador, Sarratea, firmó el 23 de febrero de 1820 con los jefes triunfantes, López y Ramírez, el tratado del Pilar, en el que se admitía la necesidad de organizar un nuevo gobierno central, caducando el que hasta entonces existía en Buenos Aires. La liga de los Pueblos Libres quedó liquidada con la firma de este tratado. Tras derrotar a Artigas en Rincón de Abalos (29-7-1820), Ramírez ocupó Corrientes y Misiones y creó la República Federal Entrerriana el 29 de septiembre de 1820. Pese a su denominación de “federal”, la república era muy centralizada.

Se ha llamado al 20 de junio de 1820 el día de los tres gobernadores. Pero Buenos Aires no tuvo tres gobernadores sino ninguno.

Ese día, el gobernador Ildefonso Ramos Mejía presentó su renuncia ante la Junta de Representantes. La junta depositó el bastón de mando en el Cabildo y le ordenó a sus miembros que avisaran al general Soler que podía entrar en Buenos Aires. Este fue el último acto de la Junta. Pero Soler lo hizo el 22 de junio para asumir el cargo. La capital estuvo sin gobernador casi tres días.

Poco después, el nuevo gobernador salió a combatir a López, pero fue derrotado en Cañada de la Cruz (28-6-20). Soler huyó a Colonia y en Buenos Aires surgió un nuevo militar con ambiciones: el coronel Pagola ejerció de hecho la gobernación de Buenos Aires hasta que el coronel Dorrego, designado por Soler comandante de la ciudad, logró ganarse el favor de las tropas y convencerlo de que deponga su actitud. Dorrego fue nombrado gobernador el 5 de julio de 1820.

Como en una comedia de enredos, López hizo nombrar gobernador a su aliado, Carlos María de Alvear. La situación era insostenible y Dorrego reunió a las tropas y a las milicias rurales de Martín Rodríguez y Juan Manuel de Rosas. Cayeron sobre Alvear el 2 de agosto, derrotándolo.

Al fracasar las negociaciones entre ellos, Dorrego y López se enfrentaron cerca de Pavón. El triunfo fue para los porteños. En vez de negociar, Dorrego continuó la guerra en Santa Fe, donde fue derrotado por López en los pastizales de Gamonal el 2 de septiembre de 1820.

Esta derrota puso fin al breve gobierno de Dorrego. La junta eligió a Martín Rodríguez nuevo gobernador de Buenos Aires el 26 de septiembre.

Se iniciaba una nueva etapa.

 

Fuente: Clarin. com

 
 
 

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