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La acusada de asesinar a su tía Rosula Camargo de dos puñaladas y de prender fuego la casa en la que vivía, en la calle Sarmiento, pidió un día más de prórroga para designar un abogado defensor particular. Mañana volverá a Tribunales para completar el trámite de declaración indagatoria por el delito de “homicidio agravado por el ensañamiento y la alevosía”, que es penado con prisión perpetua.

Más allá de la parte judicial –que recién empieza-, comenzaron a conocerse algunos elementos de la causa que podrían develar cuál fue el móvil del brutal asesinato. De las declaraciones en el sumario policial de los hermanos de la víctima surgen dos datos que los investigadores no pasaron por alto: La sobrina sería adicta al juego, lo que le habría generado problemas económicos y, por otro lado, su tía todavía guardaba dinero en un banco producto de haber ganado el Gordo de Navidad hace unos veinte años, calculó una de sus hermanas, cuando vivía en Buenos Aires.

La sobrina, de 34 años, trabajaba como encargada de una pizzería ubicada en la avenida España. El sábado pasado al menos dos testigos la vieron salir de la casa de su tía minutos antes de que escuchase una explosión y las llamas arrasasen con la vivienda prefabricada en pocos minutos. La vieron salir mirando su celular, con una cartera colgando y subirse a un Volkswagen Gol Trend blanco estacionado en la zona.

Cuando los hermanos de Rosula se acercaron a la vivienda para intentar socorrerla, un vecino dijo que habían visto salir a una mujer que se subió a un auto blanco. Un hermano ató cabos y decidió llamar a María Camargo, hermana de la víctima y madre de la sobrina.

Consiguió el número y llamó a su sobrina. La mujer llegó en el Gol y un vecino la “marcó” como la mujer que había salido antes del incendio.

Rosula, de 76 años, cobraba una jubilación mínima y hasta hace un par de años trabaja en el Plan de Inclusión Social, según la declaración de sus hermanos. Llevaba una vida ascética: salía para hacer las compras o ir a la Iglesia del Carmen o a la de la Medalla Milagrosa. No tenía teléfono celular. La última foto que sus familiares guardan de ella es de hace dos décadas.

Hay un dato más que refuerza el posible móvil económico del asesinato: La sobrina ya le había pedido plata en otras oportunidades a su tía. Además su jefe detectó un faltante de 25 mil pesos en la caja de la pizzería. “Los tengo yo, quedate tranquilo”, le dijo por teléfono.

El hombre insistió con cobrarle. La última vez que la llamó fue el lunes cuando la División Homicidios estaba allanando la casa de su empleada, poco antes de quedar detenida.

Fuente: FM CIUDAD Sanluis24

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