Pactar acuerdos claros y cumplirlos es clave para evitarles un sufrimiento adicional tras la ruptura de la pareja.Insultarse o injuriarse delante de los chicos, los daña.

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Ser padres separados se impone como una nueva categoría social a la que es necesario prestarle atención. Pactar acuerdos claros con respeto, amor y firmeza en relación a los hijos lleva implícita la idea de que ambos padres acuerdan lo que consideran mejor para ellos.

"Tener en cuenta una serie de pautas que permitan configurar el territorio del niño y el territorio de los padres separados puede ser una gran ayuda", sostiene la psicóloga y psicopedagoga Adriana Monetti, autora del libro "Divorciarse civilizadamente. Terapia para la ruptura de la pareja” que, a continuación, detalla cuáles son las conductas que ayudan a proteger a los hijos tras la ruptura de la pareja.

El chico debe sentir que ninguno de los padres lo abandonará aunque estén separados. Asegurarle que aunque la relación como pareja ya terminó, la relación entre ellos estará vigente siempre. El niño necesita tener la imagen de cada uno de los padres intacta.

Fortalecer acciones para que el niño sienta que puede amarlos a los dos y que no es juzgado por expresar palabras de afecto hacia uno de sus padres.

No ponerlos de testigos en situaciones generadas por los adultos, como peleas y conflictos.

Evitar ponerlos como árbitros y mensajeros.

Tener en cuenta que todo aquello que se haga para perjudicarse mutuamente como ex pareja, lastima al niño.

Si la pareja se menosprecia, insulta e injuria delante del él, lo perjudica y daña.

Los adultos tienen que entender que más allá de las cuestiones de pareja que tengan sin resolver, para el chico son sus padres y los necesita a ambos.

Recordar y tener presente que estar con los hijos es un derecho, no un privilegio de alguno de los padres ya que los niños los necesitan a los dos.

Evitar colocarlo en situaciones en las que tenga que elegir entre uno y otro padre.

Reforzar la idea de que los hijos no tienen la culpa de sus problemas.

Facilitar las expresiones de los niños, ya que a veces cuando vuelven de la casa de algunos de los padres manifiestan enojo, llanto. Eso no es que les “llenaron la cabeza”, sino la expresión de su tristeza.

El desacuerdo de los padres genera tensión en los hijos, por lo que pueden manifestar distracción en la escuela (a veces mal conceptuado como déficit atencional), falta de apetito o exceso, falta de interés en actividades escolares y extraescolares, desmotivación general, aturdimiento, problemas respiratorios, digestivos, dolores de cabeza.

Ponerse en contacto con la escuela para acompañar el proceso, instrumentando formas de comunicación entre la escuela y los “padres separados”.

Evitar el exceso de mensajes cuando un hijo está con el otro padre, ya que esto genera tensión.

Establecer acuerdos de comunicación como adultos maduros es imprescindible para que los hijos se adapten paulatinamente a los cambios.

No incumplir las visitas. Es prioridad cumplir el acuerdo pactado para ver a los hijos.

Aceptar la nueva pareja de los padres es permitirle al hijo que pueda disfrutar otros momentos.

Evitar utilizar a los hijos de espías para saber que hace uno u otro padre. Esta acción conlleva en el niño la sensación de haberle fallado a uno u a otro.

Utilizar a los hijos como instrumento de venganza es contarle todo lo malo que ha hecho. Lo único que se logra es llenar al hijo de resentimiento.

Recordar que el niño que acepta que sus padres ya no se aman, sólo quiere que se respeten, ya que él los quiere a los dos por igual.

Estos son solo algunos de los puntos a considerar en este aprendizaje de “ser padres separados”, esta nueva categoría social que necesita de un cuidadoso análisis, de cada situación de separación.

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