Si bien es clave identificar la situación crítica que atraviesan las mujeres, se debe tener en cuenta la presencia de casos de hombres que sufren este tipo de abusos a nivel mundial. Hoy en día, uno de los problemas que enfrenta el género masculino a la hora de pedir ayuda sigue siendo el estigma que relaciona al varón con el sexo fuerte.

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En nuestro país todavía no existe ningún programa puntual o instituciones exclusivas para la atención de los hombres víctimas de violencia familiar, como tampoco demasiada bibliografía al respecto. En efecto, en la Ciudad de Buenos Aires faltan centros especializados en la problemática de la violencia familiar desde la perspectiva de los hombres.

Se trata de una violencia de género oculta, cuyo único indicador hasta el momento se basa en registros estadísticos realizados en febrero de este año por la Oficina de Violencia Doméstica (OVD): el 9% de las denuncias derivadas de comisarías, hospitales y ONGs de la Ciudad de Buenos Aires, provienen de hombres.

La problemática se relaciona, en líneas generales, con la cuestión de la violencia doméstica, que engloba casos de agresiones en el seno de la familia. Las estimaciones a nivel nacional suponen que hay algo más de un 90% de agresiones a mujeres, mientras que los hombres son afectados en menos de un 3% de los casos. El resto son episodios de violencia cruzada.

Lo que ocurre con los varones agredidos es que sufren problemas de autoestima que les impide salir de la serie de eventos violentos por parte de sus parejas mujeres. Hasta ahí, lo mismo que puede ocurrir en dirección contraria. Sin embargo, y aunque la proporción es mucho menor, lo que potencia estos casos es que puede llegar a ser más difícil para ellos sobreponerse a la situación.

Esto tiene que ver con lo que significa culturalmente ser sometidos por el sexo opuesto, en una especie de boomerang que aplasta su mayor poderío físico y la dominación masculina que supone el patriarcado. En otras palabras, la fuerza física no explica por sí sola la superioridad ni siquiera la equidad; el deterioro emocional puede dejar al varón totalmente sometido a la mujer.

En general, los especialistas hacen hincapié en la incapacidad que tiene el hombre para denunciar el maltrato por vergüenza cultural o, en ciertas ocasiones, por desconocimiento verdadero de estar padeciendo este tipo de violencia. En este sentido, los medios de comunicación tampoco dan a conocer casos, ni suele haber cifras del maltrato.

La sociedad ha puesto en agenda pública la prevención y el tratamiento de las mujeres víctimas de violencia de género, que hoy en día ocupan ciertamente un lugar crítico, pero apenas existen tratamientos e información para atender los casos de hombres maltratados.

Cuando los hombres “pierden la cabeza” por una mujer que supo seducirlos integralmente, son objeto de violencia psíquica y económica.

En la lucha por el poder político y económico todas las reglas y sus transgresiones son válidas. Las mujeres que alcanzaron poder político y/o económico no pasaron a la historia como violentas sino como “poderosas” mientras que los hombres son considerados héroes por ganar guerras, batallas, territorios y someter pueblos enteros.

Las mujeres que reinaron tuvieron súbditos masculinos y muchísimas veces mandaron a matarlos por desobediencia o traición. No fue necesario que tomaran, las armas como Juana de Arco; con mucha sutileza, hicieron “desaparecer” o “quitaron de circulación” a los hombres enemigos, aunque en algún momento hubieran sido sus amantes.

Tradicionalmente el hombre tiene el poder que le otorgan su fortaleza física y su capacidad de obtener recursos económicos, mientras que la mujer posee mayor poder de seducción y el original y valiosísimo poder de engendrar la descendencia. En la actualidad, fortaleza física y -básicamente obtención de recursos económicos- son capacidades que van nivelándose por el desarrollo que alcanzó la mujer.

El hombre ejerce sofisticadas técnicas de seducción, pero carece de la capacidad de engendrar. Este poder femenino fue utilizado siempre, de diversas maneras, en las distintas culturas. Cuando hacer la prueba de ADN no era de uso corriente algunos hombres tuvieron que soportar engaños y en esas situaciones la mujer ejerció una violencia que compartieron el padre y los hijos que creían ser “padre de” o “hijo/a de” y no lo eran.

Los hijos son el gran tesoro de las mujeres y suelen utilizarlos para obtener de los padres, lo que desean económicamente, aun cuando por ley no les corresponda. Cuando los hombres “pierden la cabeza” por una mujer que supo seducirlos integralmente, son objeto de violencia psíquica y económica. Tal vez esta actitud fue generándose como respuesta a la violencia doméstica a la que fue sometida y a la violencia de explotación que –por siglos- ejerció el hombre comprándola y vendiendo como objeto sexual. En las parejas del mismo sexo el dominio que ejercen hombres con hombres y mujeres con mujeres es similar al de las parejas heterosexuales.

Las personas son violentas -en algunos casos- porque vienen condicionadas por el desarrollo alcanzado en su constitución genética o porque han padecido violencia. Aun viviendo alguna situación en la que la sociedad las alcanza para ponerles un límite, como la cárcel, penalidades económicas y- en algunos casos- cumplir con trabajos comunitarios, es difícil que abandonen las conductas violentas. En este tiempo que vivimos, el tratamiento psicológico -para algunos- y la inclusión en algunas prácticas religiosas son las herramientas más eficaces para revertir conductas violentas.

Más efectivo que tratamientos psicológicos y prácticas religiosas, lo mejor que podría sucedernos es que pudiéramos dejar de fabricar armas, erradicar la legalidad de las guerras y los sistemas violentos de poder. Por el momento, esto es sólo un pensamiento y un deseo.

Nos queda la opción de participar cotidianamente –en toda situación que nos toque vivir- dedicándonos a corregir el desequilibrio de poderes y la desigualdad de fuerzas, ejercitando los derechos adquiridos y teniendo en cuenta que el primer derecho que tenemos – hombres y mujeres- es el de vivir en paz y así, tal vez, alcancemos a descansar en paz.

Marisa Mujica, coordinadora del Área Comunitaria de FUNDAMIND

¿POR QUÉ EL HOMBRE NO DENUNCIA?

Falta de apoyos jurídicos.

Falta de recursos.

Problemas de credibilidad.

Falta de apoyo familiar.

Miedo al ridículo.

Creencia en el merecimiento de la violencia.

Se pueden encontrar variedad de casos entre ese escaso porcentaje de hombres maltratados. Por caso, los más graves suelen ser los hombres adultos mayores agredidos por sus propias hijas. El problema, obviamente, excede a la realidad nacional y se extiende por la región y por otras regiones.

En tiempos recientes, en Perú hubo más de dos mil varones mayores de 18 denunciaron maltrato por parte de mujeres en los Centros de Emergencia del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES).

Desde los años 90’, la legislación de Chile sobre violencia intrafamiliar incluye un artículo en la ley 19.325 que caracteriza la violencia doméstica hacia el varón. Un estudio realizado en este país constata una baja cifra de denuncias de varones en comparación con las mujeres, pero destaca como la principal agresión a la violencia psicológica, traducida en descalificaciones, insultos, y en menor medida, en violencia física.

En España, La neuropsicóloga Nuria Mestre Roldán relata en su artículo ¿Realidad silenciosa? el caso de Manuel, un paciente que llevaba casado ocho años y en una discusión con su mujer por el trato que daba a sus padres fue golpeado y lastimado en varias partes del cuerpo mientras se contenía para no devolver agresiones. Luego pudo denunciar.

Víctor Martinez Patón, un abogado que se especializa en maltrato hacia hombres, explica que en ese país, ante las denuncias de mujeres en la comisaría, la detención de los hombres se realiza de manera inmediata aunque no haya pruebas suficientes, muchas veces dando lugar a abusos y datos falsos que perjudican la vida de muchos varones que son inocentes.

En el Reino Unido ManKind Initiative (Iniciativa Humanitaria), brinda servicios de apoyo y atención a los hombres víctimas de malos tratos y advierte datos sobre la violencia intra-género.

Los aportes de la investigadora Lara Stemple, de la Universidad UC Hastings de San Francisco, agregan el maltrato en situaciones de conflictos bélicos, dónde la violencia sexual contra hombres es un problema muy común, especialmente en África Oriental. Las áreas de conflicto, mientras el desconcierto social y la reconfiguración de poderes están en juego, habilitan formas particulares de violencia sexual masculina que tienen que ver con la violación tradicional, la castración y la transmisión del SIDA.

Fuente:Fundamind

 
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