Con apenas 17 años, Dafne Almazán fue admitida en la Universidad de Harvard para realizar una maestría en Matemáticas, batiendo un récord sin precedentes: es la primera vez en un siglo en que una menor es aceptada en 100 años.

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Almazán ingresó en la universidad a los 10 años y a los 13 obtuvo el título como licenciada en Psicología. Ahora busca obtener, en este tradicional centro de enseñanza superior de élite, una formación académica que se focaliza en técnicas y modelos para la enseñanza de esta ciencia exacta.

“Mi plan es diseñar y trabajar con modelos para la enseñanza de matemáticas en niños diagnosticados con sobredotación intelectual. Ese es precisamente uno de los enfoques del posgrado”, señaló Almazán en un comunicado.

Definida como niña superdotada desde la infancia y alentada por sus padres para explotar su potencial, la joven planea obtener su primer posgrado en mayo de 2020, es decir, a los 18 años.

A su corta edad, domina cuatro idiomas (inglés, francés, chino mandarín y latín), ha participado como conferencista en diversos foros nacionales e internacionales y el año pasado fue calificada por la revista Forbes México como una de las 50 mujeres “más poderosas de México”.

Almazán también se tituló en diciembre del 2017 de la maestría en Innovación Educativa en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, uno de los más prestigiosos centros de enseñanza universitaria privada del país.

Más allá de ser psicóloga, las matemáticas parecen ejercer una especie de fascinación para ella, ya que su tesis de licenciatura trató sobre los efectos positivos de la Educación Diferenciada en la Enseñanza de Matemáticas para Sobredotados en niveles educativos elementales.

El estudio se concentró específicamente en el álgebra básica, al ser una de las áreas de más bajo rendimiento en la prueba del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) a nivel nacional.

Dafne considera que “los niños superdotados en México son estereotipados, mal diagnosticados y poco comprendidos” y se preocupa de que la gente crea que “se la pasan mucho tiempo encerrados o son una copia de Einstein”.

“Yo estudiaba pero también jugaba. Aprendí a tocar instrumentos, paseaba a mis perros”, afirma la adolescente, quien también disfruta de tocar instrumentos.

Actualmente toma clases de piano, violín, guitarra, canto y teatro, además de practicar artes marciales como taekwondo y kempo, pese no contar con mucho tiempo disponible.

Fuente: La Nación.

 
 
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