El joven se escondió en el patio de una casa, cercana al lugar del robo, y desde allí provocaba a los efectivos.

tumbero 

Diego Andrés Barrera Leal tuvo el destino que, minutos antes de que lo detuvieron, no creyó posible: lo enviaron a la Penitenciaría de San Luis. Y debió pensar eso porque, de acuerdo a las averiguaciones, después de robarle a un empleado de una estación de servicio del barrio La Ribera de Villa Mercedes, escapó y se ocultó en una casa vecina. Desde el patio de esa vivienda les gritó a los policías que habían rodeado la cuadra, entre otras cosas, que de ahí nadie lo iba a sacar. Luego les hizo frente con una arma tumbera.

Pero pese a haberse resistido a los efectivos con un arma de fabricación casera, solo fue procesado por el robo. Hace una semana, cuando el joven de 21 años fue indagado por el juez de instrucción Penal 2, Leandro Estrada, no quiso declarar y tampoco lo hizo en los seis días de prórroga del arresto que había pedido su defensora.

Lo que declaró Matías Bosso, el empleado asaltado, su jefe y los policías que lo detuvieron fueron pruebas suficientes para definir la suerte de Leal.

Según esos testimonios, el viernes 19, alrededor de las siete y media de la mañana, el acusado entró a la YPF de Adolfo Pérez 384 y Robustelli, repasó el magistrado en su resolución. Allí, en el área de autoservicio, estaba Bosso.

El imputado se hizo de nueve cajas de cigarrillos, pastillas de menta, pañuelos, varios encendedores y unos 700 pesos de la caja registradora, y huyó a pie. Encaró hacia el sur.

Eso no intimidó a Bosso. El hombre llamó a su jefe, le avisó que acababan de robarle y salió detrás del delincuente. A los pocos minutos, llegaron el dueño de la estación de servicio y los efectivos.

No muy lejos de ahí, en la esquina de la manzana 7228, el personal policial avistó a un joven que le hacía señas. Era el empleado del autoservicio. Quería avisarles que en la casa 3 de esa manzana se había metido el ladrón.

Mientras los agentes del grupo táctico COAR y del Comando Radioeléctrico cerraban la cuadra para que el acusado no escapara, el resto de los policías de la Comisaría 29ª le pidieron a la dueña de la vivienda si les permitía entrar para aprehender al delincuente. La mujer, sin embargo, no colaboró. Al menos no, al principio.

Primero parecía no entender porqué estaban ahí y, después, les advirtió que solo con una orden judicial los dejaría ingresar. En eso que trataban de convencer a la vecina, escuchaban cómo Leal les gritaba a uno de los uniformados desde el patio trasero del domicilio. "Llamá al fiscal ¡De acá no me vas a sacar! ¡Tenés que tener una orden judicial para entrar acá!", le aseguraba a viva voz.

Cuando los agentes consiguieron ingresar, Leal sacó de su vientre un arma tumbera. Pero su valentía se acabó cuando uno de los efectivos le disparó hacia el suelo con su escopeta para amedrentarlo, entonces, el imputado arrojó el arma.

Fuente: EDDLR

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