A partir de dos misiones en en las que se encontró arcilla en Marte y amoníaco en Plutón, crecen las expectativas de encontrar alguna forma de vida orgánica dentro de los límites del Sistema Solar.

nasa 

En los 200.000 años luz de diámetro del disco de la Vía Láctea, según datos recopilados por el Observatorio Espacial Kepler, existen más de 1.000 millones de planetas similares a la Tierra, que podrían desarrollarse con las mismas características para la vida. Dentro de nuestro vecindario solar, dos misiones, una en Marte y la otra en Plutón, detectaron agua y amoníaco. El descubrimiento de la vida, en forma de bacterias, podría ser inminente. Así lo entiende el administrador de la NASA, Jim Bridenstine, que en una audiencia reciente sostuvo: "Puede que no tengamos que esperar mucho más para ver por primera vez a un extraterrestre".

El rover Curiosity halló minerales de arcilla en afloramientos rocosos al pie del monte Sharp, lo que confirma que el cráter Gale tuvo una cantidad significativa de agua y rocas. Este descubrimiento es importante para entender el proceso de la desaparición de esta sustancia esencial para la vida. El instrumento de mineralogía del rover, llamado CheMin (Química y Mineralogía), proporcionó los primeros análisis de muestras de roca perforadas en la denominada 'unidad de arcilla'.

 “Estamos ante un tema con raíces filosóficas, en el que la ciencia puede ofrecer respuestas que desde hace mucho tiempo la humanidad está buscando. Y aunque todos preguntan cuánto falta, cuantificar en estos casos siempre es un riesgo. Porque aunque las condiciones de habitabilidad sean óptimas, si no los podés ver, como en el caso de Plutón, termina siendo una especulación”, le dice a Clarín Pablo Mauas, doctor en física y director del grupo de Física Estelar, Exoplanetas y Astrobiología del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE/Conicet).

Por otro lado, la sonda New Horizons reveló la existencia de amoniaco en Plutón, lo que evidencia una actividad geológica reciente con agua líquida, algo fundamental para la regulación de la temperatura y la posibilidad de la existencia de condiciones de vida de algún organismo.

 “Cuando se buscan escenarios ‘habitables’ se espera que estos sean similares física y evolutivamente a nuestro planeta, donde se desarrolló vida compleja e inteligente. Uno de los requisitos es que haya agua líquida en su superficie, un elemento que fue esencial en el origen y desarrollo de la vida en nuestro planeta”, explica Andrea Buccino, investigadora del IAFE.

La vida, tal y como la conocemos, necesita de tres ingredientes esenciales: agua en estado líquido, moléculas orgánicas y una fuente de energía. Muchos investigadores sostienen que, dentro de los primeros mil millones de años de la historia de nuestro planeta, pudo llegar a la Tierra a bordo de meteoritos o cometas.

Mientras que el agua -según una hipótesis reciente de planetólogos de la Universidad de Münster, en Alemania – llegó hace 4.400 millones, cuando el protoplaneta Theia colisionó con la Tierra y del impactó se formó la Luna. Para descubrir qué fue lo que trajo esta sustancia, analizaron isótopos de un elemento de la tabla periódica llamado molibdeno, presente en el núcleo y el manto de la Tierra.

La teoría más aceptada es que Theia se había formado en una zona aledaña a nuestro planeta, en donde abundan los materiales secos o rocosos. Sin embargo, la evidencia muestra que viajó desde la zona exterior (donde provienen los materiales húmedos o carbonosos) y después habría impactado. Dicho protoplaneta portaría agua y esta colisión habría proporcionado al globo los océanos que hoy conocemos.

“Para que haya vida en la superficie de un planeta, uno de los requisitos es que se encuentre dentro de la que se conoce como zona de habitabilidad. Lo que implica que esté a la distancia justa del Sol para que el agua se mantenga en estado líquido. Porque si está muy cerca se evapora y si está alejado se congela. Dentro del Sistema Solar, la Tierra es el único que reúne estas condiciones. Además, necesita una atmósfera, que protege la vida absorbiendo gran parte de la radiación solar ultravioleta en la capa de ozono y un campo magnético, que desvía las partículas causadas por el viento solar para defender a la atmósfera", puntualiza Mauas.

Los primeros vestigios de vida terrestre, según estimaciones científicas, datan de unos 3.800 millones de años. Como el planeta se formó hace 4.500 millones de años, el tiempo que tuvo para desarrollarse fue de unos 700 millones de años. Las cifras no son exactas y algunos sostienen que las primeras formas pudieron surgir antes de esa fecha, entre 4.100 o 4.350 millones de años.

Pese a la obsesión con Marte y los demás planetas del Sistema Solar, los científicos creen que las mejores chances de encontrar vida extraterrestre están en los exoplanetas. Sin embargo, resulta difícil tomar imágenes directas de estos mundos rocosos debido al enorme contraste entre la luz que procede de la estrella anfitriona y el mundo que gira a su alrededor.

 “Las búsquedas por fuera del sistema solar son inaccesibles. Una estrategia para detectar vida en estos planetas es la observación de su atmósfera con el fin de descubrir bio-señales. Si observamos la atmósfera de la Tierra desde el espacio, este marcador sería el ozono, que es un indicador indirecto del proceso de fotosíntesis. Cuando se lance el James Webb Space Telescope se podrá estudiar las atmósferas de una serie de planetas habitables en el infrarrojo y así detectar componentes que puedan estar relacionadas con actividad biológica. Sin duda, no será una detección sencilla a nivel instrumental, pero en este momento representa la única manera de lograrlo”, expone Buccino.

Fuente: PS

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Clasificacion 0.00 (0 Votos)
 
 
potreroencanta
 
rotativas_6.gif
 

 

Traductor/Translate

 
lapuntavisita
 
eltrapiche