animalessueltos

Cuatro personas muertas y quince heridos es el saldo que han dejado 21 accidentes de tránsito ocasionados por animales sueltos en calles, rutas y autopistas de San Luis, en lo que va del año. Ese es el claro reflejo de que se trata de un problema que, hasta ahora, no tiene solución. También lo pone en evidencia otro dato: de enero a septiembre el Centro de Emergencias 911 recibió casi 5.200 llamadas por el mismo tema.

Falta de alambrados y contenciones débiles o dañadas son algunas de las causas por las que caballos, vacas y asnos pasean por los caminos y los cruzan de imprevisto ocasionando, en muchos casos, que los conductores no logren esquivarlos. A esas especies se les suman las silvestres como jabalíes y ciervos, que son los que mayormente ocasionan los accidentes.

Según indicó el director general de la Policía Caminera y de Seguridad Vial, comisario inspector Sergio Quiroga, en las zonas urbanas son los perros los que ocasionan que los conductores, mayormente de motocicletas, choquen y sufran heridas graves. En los primeros nueve meses del año registraron cuatro accidentes de ese tipo: dos en mayo; uno en julio y otro en agosto, informó.

En cuanto a accidentes en zonas rurales, un informe elaborado por la Policía Caminera señala que en el mismo periodo su personal intervino en 17 hechos ocurridos en rutas y autopistas de la provincia. Cinco de ellos fueron ocasionados por equinos; cuatro por jabalíes; cuatro por vacunos; dos por asnos; uno por un ciervo y uno por un perro.

De esos accidentes resultaron once personas heridas y cuatro perdieron la vida. 
El reporte detalla que tres de ellos ocurrieron en febrero; dos en abril; tres en mayo; tres en julio y tres en septiembre, y que la mayoría de las víctimas viajaban en autos y camionetas, y en menor cantidad en motos.

Accidentes fatales

De los accidentes ocurridos en zonas rurales hubo dos que fueron fatales. El primero ocurrió el 26 de abril en el kilómetro 26 de la autopista Saladillo (ex ruta provincial 20), en el paraje Cuatro Esquinas. Allí un Volkswagen Gol Trend rojo en el que viajaban cuatro hombres –el chofer y tres pasajeros– chocó con un jabalí y cayó a una zanja de la banquina. 

Los pasajeros viajaban de La Toma a San Luis a realizarse un tratamiento de diálisis. Dos de ellos murieron en el lugar y el restante y el conductor sufrieron lesiones graves; luego el otro paciente dializado murió en el Hospital San Luis.

El animal salía, al parecer, de un maizal de una estancia lindera con la ruta. Unos empleados de ese campo le dijeron a la Policía que más temprano habían visto una piara andar por allí. 

El Gol impactó de lleno contra el chancho silvestre y lo empujó hacia adelante. Algunas marcas de arrastre que quedaron sobre el pavimento dieron la impresión de que el impacto fue en la zona media del pavimento, cerca de la línea que separa el carril rápido del lento. Había casi treinta metros desde el punto donde se veía la marca del impacto hasta el lugar donde el jabalí quedó muerto, en el pasto del cantero central. No quedó claro si fue arrojado hasta allí por la embestida. “Está lejos, capaz quedó medio vivo y caminó un poco, hasta que no dio más”, especuló un testigo que analizó la escena.

Al parecer por efecto de una maniobra que hizo el chofer, probablemente en un intento por esquivar al jabalí, el auto se desvió a la derecha, hacia la banquina norte. La mala suerte fue que salió del pavimento justo donde hay una hondonada. Pasó por el costado del guardarraíl que bordea la boca de una alcantarilla y cayó de punta en la zanja. Ese impacto, más que el golpe contra el animal, sería el que causó las lesiones más graves a los ocupantes.

Mañana se cumple un mes del segundo accidente fatal del año causado por animales. Un motociclista, Carlos Raúl Giménez, de 50 años, iba hacia su casa en una motocicleta Motomel 200 azul y blanca cuando chocó con un caballo que se le cruzó en el acceso al paraje Daniel Donovan, cerca de la entrada al barrio 25 Viviendas de esa localidad de Juana Koslay, y murió de manera instantánea.

En ese camino, además del problema de la presencia de caballos sueltos, está el de que la iluminación era y sigue siendo nula. Giménez vivía en la vieja Estación de Trenes, adonde aparentemente se dirigía cuando se accidentó a la 01:50 de la madrugada del 7 de septiembre. Iba en dirección al sur, solo. En el lugar, los agentes encontraron un casco, que creen llevaba puesto. 

Quien avisó del hecho a la Policía fue una mujer que pasó por allí. Por la proximidad, los primeros efectivos en llegar a la escena fueron los que trabajan en un puesto de la Policía Caminera. 

Cuando ellos arribaron, vieron que el hombre no tenía signos vitales. Un médico que iba en una ambulancia del Sempro constató que había muerto. Después, el juez Penal 1, Marcos Flores Leyes, ordenó hacer la autopsia, en la que el médico forense Luis Paulo Lucero Arienti concluyó que la causa de muerte fue un traumatismo cráneo-encefálico, resumió una fuente. Esas son las lesiones que sufren frecuentemente las víctimas de este tipo de accidentes. 

El caballo al que Giménez había golpeado con la moto –era color tostado, con patas blancas y de gran tamaño– también murió. Una veterinaria de la Policía, la oficial principal Sonia Liecegang, estuvo en el lugar y le tomó la marca y la señal al animal, para hacer las averiguaciones y establecer quién era el dueño. 

Consultado por El Diario para esta nota, el jefe de la Comisaría 5ª de Juana Koslay, comisario inspector Roberto Alejandro Molina, indicó que no lograron identificar al propietario del caballo.

El último accidente que la división Accidentología Vial registró con intervención de animales sueltos fue 14 de septiembre. Según indicó el jefe de esa área, subcomisario Misael Sosa, ocurrió a las 23:30. “Un Peugeot 207 chocó con un jabalí en el kilómetro 66 de la semiautopista provincial 20. Todos los ocupantes sufrieron heridas leves”, dijo. 

También resaltó que la mayoría de estos hechos ocurre durante la noche. “Catorce de los diecisiete accidentes de este tipo registrados hasta ahora ocurrieron de noche”, aseguró.

Cuatro personas muertas y quince heridos es el saldo que han dejado 21 accidentes de tránsito ocasionados por animales sueltos en calles, rutas y autopistas de San Luis, en lo que va del año. Ese es el claro reflejo de que se trata de un problema que, hasta ahora, no tiene solución. También lo pone en evidencia otro dato: de enero a septiembre el Centro de Emergencias 911 recibió casi 5.200 llamadas por el mismo tema.

Falta de alambrados y contenciones débiles o dañadas son algunas de las causas por las que caballos, vacas y asnos pasean por los caminos y los cruzan de imprevisto ocasionando, en muchos casos, que los conductores no logren esquivarlos. A esas especies se les suman las silvestres como jabalíes y ciervos, que son los que mayormente ocasionan los accidentes.

Según indicó el director general de la Policía Caminera y de Seguridad Vial, comisario inspector Sergio Quiroga, en las zonas urbanas son los perros los que ocasionan que los conductores, mayormente de motocicletas, choquen y sufran heridas graves. En los primeros nueve meses del año registraron cuatro accidentes de ese tipo: dos en mayo; uno en julio y otro en agosto, informó.

En cuanto a accidentes en zonas rurales, un informe elaborado por la Policía Caminera señala que en el mismo periodo su personal intervino en 17 hechos ocurridos en rutas y autopistas de la provincia.

Cinco de ellos fueron ocasionados por equinos; cuatro por jabalíes; cuatro por vacunos; dos por asnos; uno por un ciervo y uno por un perro.

De esos accidentes resultaron once personas heridas y cuatro perdieron la vida. 

El reporte detalla que tres de ellos ocurrieron en febrero; dos en abril; tres en mayo; tres en julio y tres en septiembre, y que la mayoría de las víctimas viajaban en autos y camionetas, y en menor cantidad en motos.

Accidentes fatales

De los accidentes ocurridos en zonas rurales hubo dos que fueron fatales. El primero ocurrió el 26 de abril en el kilómetro 26 de la autopista Saladillo (ex ruta provincial 20), en el paraje Cuatro Esquinas. Allí un Volkswagen Gol Trend rojo en el que viajaban cuatro hombres –el chofer y tres pasajeros– chocó con un jabalí y cayó a una zanja de la banquina. 

Los pasajeros viajaban de La Toma a San Luis a realizarse un tratamiento de diálisis. Dos de ellos murieron en el lugar y el restante y el conductor sufrieron lesiones graves; luego el otro paciente dializado murió en el Hospital San Luis.

El animal salía, al parecer, de un maizal de una estancia lindera con la ruta. Unos empleados de ese campo le dijeron a la Policía que más temprano habían visto una piara andar por allí. 

El Gol impactó de lleno contra el chancho silvestre y lo empujó hacia adelante. Algunas marcas de arrastre que quedaron sobre el pavimento dieron la impresión de que el impacto fue en la zona media del pavimento, cerca de la línea que separa el carril rápido del lento. Había casi treinta metros desde el punto donde se veía la marca del impacto hasta el lugar donde el jabalí quedó muerto, en el pasto del cantero central. No quedó claro si fue arrojado hasta allí por la embestida. “Está lejos, capaz quedó medio vivo y caminó un poco, hasta que no dio más”, especuló un testigo que analizó la escena.

Al parecer por efecto de una maniobra que hizo el chofer, probablemente en un intento por esquivar al jabalí, el auto se desvió a la derecha, hacia la banquina norte. La mala suerte fue que salió del pavimento justo donde hay una hondonada. Pasó por el costado del guardarraíl que bordea la boca de una alcantarilla y cayó de punta en la zanja. Ese impacto, más que el golpe contra el animal, sería el que causó las lesiones más graves a los ocupantes.

Mañana se cumple un mes del segundo accidente fatal del año causado por animales. Un motociclista, Carlos Raúl Giménez, de 50 años, iba hacia su casa en una motocicleta Motomel 200 azul y blanca cuando chocó con un caballo que se le cruzó en el acceso al paraje Daniel Donovan, cerca de la entrada al barrio 25 Viviendas de esa localidad de Juana Koslay, y murió de manera instantánea.

En ese camino, además del problema de la presencia de caballos sueltos, está el de que la iluminación era y sigue siendo nula. Giménez vivía en la vieja Estación de Trenes, adonde aparentemente se dirigía cuando se accidentó a la 01:50 de la madrugada del 7 de septiembre. Iba en dirección al sur, solo. En el lugar, los agentes encontraron un casco, que creen llevaba puesto. 

Quien avisó del hecho a la Policía fue una mujer que pasó por allí. Por la proximidad, los primeros efectivos en llegar a la escena fueron los que trabajan en un puesto de la Policía Caminera. 

Cuando ellos arribaron, vieron que el hombre no tenía signos vitales. Un médico que iba en una ambulancia del Sempro constató que había muerto. Después, el juez Penal 1, Marcos Flores Leyes, ordenó hacer la autopsia, en la que el médico forense Luis Paulo Lucero Arienti concluyó que la causa de muerte fue un traumatismo cráneo-encefálico, resumió una fuente. Esas son las lesiones que sufren frecuentemente las víctimas de este tipo de accidentes. 

El caballo al que Giménez había golpeado con la moto –era color tostado, con patas blancas y de gran tamaño– también murió. Una veterinaria de la Policía, la oficial principal Sonia Liecegang, estuvo en el lugar y le tomó la marca y la señal al animal, para hacer las averiguaciones y establecer quién era el dueño. 

Consultado por El Diario para esta nota, el jefe de la Comisaría 5ª de Juana Koslay, comisario inspector Roberto Alejandro Molina, indicó que no lograron identificar al propietario del caballo.

El último accidente que la división Accidentología Vial registró con intervención de animales sueltos fue 14 de septiembre. Según indicó el jefe de esa área, subcomisario Misael Sosa, ocurrió a las 23:30. “Un Peugeot 207 chocó con un jabalí en el kilómetro 66 de la semiautopista provincial 20. Todos los ocupantes sufrieron heridas leves”, dijo. 

También resaltó que la mayoría de estos hechos ocurre durante la noche. “Catorce de los diecisiete accidentes de este tipo registrados hasta ahora ocurrieron de noche”, aseguró.

Recorridos y secuestros

Muchas veces la Policía Ecológica y Ambiental logra secuestrar animales que encuentra sueltos en caminos y rutas de la provincia, así sea gracias a recorridos preventivos que realizan o porque algún vecino o conductor los alertó a través de un llamado al 911 o de la aplicación “Alarma Puntana 3.0”.

Según señaló la jefa de esa división, subcomisario Carina del Valle Garro, los animales secuestrados son trasladados hasta un corral de secuestro que está ubicado en la Colonia Penal, el cual depende de la Unidad Provincial de Juzgamiento de Contravenciones de Tránsito, a cargo de Mariana Baretto.

“También hacemos recorridos de prevención para evitar la caza furtiva, que es cuando los cazadores realizan la práctica sin permiso y sin la autorización del dueño del campo”, señaló Garro.
Dijo que cuando “hay animales sueltos le notificamos al dueño que repare los alambrados para evitar accidentes en los que los animales se vean involucrados”, dando a entender que en primera instancia, si el animal en cuestión no ha causado ningún inconveniente, no es necesario labrarle un acta a su propietario. Al igual que cuando detectan alambrados dañados, no labran un acta sino que también le notifican al dueño del campo para que los repare.

“En cuanto a animales silvestres es un poco imposible su control, ya que no respetan alambrados. Son animales de gran porte y con mucha fuerza”, aseguró.

Muchas veces la Policía Ecológica y Ambiental logra secuestrar animales que encuentra sueltos en caminos y rutas de la provincia, así sea gracias a recorridos preventivos que realizan o porque algún vecino o conductor los alertó a través de un llamado al 911 o de la aplicación “Alarma Puntana 3.0”.

Según señaló la jefa de esa división, subcomisario Carina del Valle Garro, los animales secuestrados son trasladados hasta un corral de secuestro que está ubicado en la Colonia Penal, el cual depende de la Unidad Provincial de Juzgamiento de Contravenciones de Tránsito, a cargo de Mariana Baretto.

“También hacemos recorridos de prevención para evitar la caza furtiva, que es cuando los cazadores realizan la práctica sin permiso y sin la autorización del dueño del campo”, señaló Garro.

Dijo que cuando “hay animales sueltos le notificamos al dueño que repare los alambrados para evitar accidentes en los que los animales se vean involucrados”, dando a entender que en primera instancia, si el animal en cuestión no ha causado ningún inconveniente, no es necesario labrarle un acta a su propietario. Al igual que cuando detectan alambrados dañados, no labran un acta sino que también le notifican al dueño del campo para que los repare.

“En cuanto a animales silvestres es un poco imposible su control, ya que no respetan alambrados. Son animales de gran porte y con mucha fuerza”, aseguró.

Fuente: El Diario de la República

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