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En el mundo se ha reconocido a las mujeres como uno de los seres vivos más vulnerables de nuestro planeta, durante décadas, las mujeres han sido víctimas de diferentes y escalofriantes atentados en contra de su dignidad, en contra de su salud mental y en contra de su cuerpo.

Si bien esto ha estado cambiado durante los últimos años, no ha sido suficiente, hoy en día las mujeres siguen pagando los platos rotos de hogares inestables, irrespetuosos, disfuncionales y poco amorosos.  Así mismo, las mujeres han estado enfrentándose a las diferencias e injusticias de una sociedad poco consciente y eficiente.

Sin embargo, en Zimbabue, las mujeres víctimas de violencia, encontraron una nueva oportunidad de rehacer su vida y de usar su espíritu, aun no quebrado por completo, y su buen corazón, salvando vidas, unas que también han estado desprotegidas y que de hecho, son más vulnerables que ellas mismas, la vida de los animales.

EN EL PASADO FUERON VICTIMAS, HOY SON LAS VALIENTES.

La Fundación Internacional contra la Caza Furtiva (IAPF), quiso crear el equipo de combate y protección de animales víctimas de la caza furtiva más fuerte y competente de África, este estaría conformado únicamente por mujeres y todas, debían tener un pasado complicado y pocas oportunidades de salir adelante.

La organización se dedico a buscar mujeres en situación de pobreza, victimas de violencia domestica, mujeres huérfanas, madres solteras, esposas que están solas debido a que sus parejas están pagando alguna condena, en fin, la fundación se dedica a reclutar mujeres desamparadas pero fuertes, mujeres dispuestas a borrar su pasado, a través del empoderamiento para que sean las mejores guardabosques y arriesguen su vida protegiendo a los animales.

Dicho equipo de trabajo recibió el nombre de «Akashinga», una palabra perteneciente a la lengua shona, que significa en nuestro idioma «Las Valientes».

Un vez reclutadas las mujeres, las cuales fueron alrededor de 100, la organización comenzó un fuerte entrenamiento con ellas, pues la idea era que ellas resguardaran aproximadamente 347 hectáreas de ecosistema y en el proceso protegieran a los animales que están a la vista de los cazadores, principalmente los elefantes, los cuales han reducido su población en los últimos años al casi 50% .

Las mujeres reciben un buen sueldo el cual la mayoría de ellas lo destina para brindarle educación, alimentos, ropa y un hogar a sus hijos, si bien ellas no pueden pasar mucho tiempo con ellos, si trabajan y hacen todo por ellos.

Se las enseña a combatir, dirigir, patrullar, camuflarse, protegerse, se las educa acerca de los primeros auxilios y sobretodo acerca de la importancia de la conservación. Estas mujeres en definitiva, están al mismo nivel que sus compañeros guardabosques masculinos, tanto en entrenamiento como en facultades físicas y mentales, así mismo, ellas asumen los mismos riesgos que ellos.

La Dra. Jane Goodall, directora de la IAPF y Damien Mander, fundador de esta iniciativa para las mujeres, están asombrados con la capacidad que tienen para liderar su trabajo y para superar todos los obstáculos y conflictos que se les presenta, además de todo el amor que tiene para dar a los familiares que tienen a lo lejos, a sus compañeros con quienes trabajan y a los animales a los que protegen.

«SI LE HACES ALGO MALO A MIS ANIMALES, TE ATRAPARÉ».

Fueron las palabras de Vimbai Kumire, una de las guerreras más comprometidas, ella asegura que antes, en su vida del pasado, era rara la vez que pensaba en la situación de los animales, pero que con esta nueva experiencia de vida se siente más comprometida que nunca con una causa.

Estas mujeres son feroces, fuertes y luchadoras, todos aquellos que las conocen aseguran que nunca se rinden.

Además de todo lo que hacen estas mujeres, están comprometidas con el veganismo, pues se sienten fieles al pensamiento de que la producción de carne es un acto cruel y que no tiene sentido salvar vidas cuando se comen otras, por lo que su alimentación se basa únicamente en alimentos saludables y fuera del sufrimiento animal.

Eso sí, Damien Mander  afirma que la alimentación es balanceada y nutritiva.

Para 2030 se aspira a reclutar a dos mil guerreras Akashinga que protejan más de 12 millones de hectáreas de naturaleza y biodiversidad africanas, así como se busca cambiarle la vida a todas esas familias marginas que están a la espera de una sola oportunidad para darlo todo y salir adelante.

Fuente: zoocloud

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