San Luis Informa 2 junio 2021

Hace 16 años que trabaja en el Hospital de Niños de San Justo. Tuvo COVID en agosto, enero y marzo. Ya perdió cuatro turnos  por su trabajo para su primera dosis.

Giannina Nigro

Por Giannina Nigro

Carolina trabaja como enfermera desde hace 16 años. (Foto y video: gentileza Carolina Silvero).

Desde el 10 de agosto del 2020 la vida de Carolina Silvero, enfermera del Hospital de Niños de San Justo, no volvió a ser igual. Ese día le confirmaron que había dado positivo en coronavirus. Si bien transitó la enfermedad con síntomas leves, al poco tiempo de recibir el alta se volvió a contagiar no una, sino dos veces más y el panorama se complicó. Todo ocurrió en un lapso de siete meses.

Desde entonces, tuvo varias consecuencias en su salud a nivel respiratorio y a raíz de eso todavía no pudo recibir una dosis de la vacuna. “Más allá de las secuelas, agradezco a Dios que lo puedo contar”, dijo a TN.com.ar.

Carolina, de 45 años, vive junto a su esposo y su hijo de 12 en Isidro Casanova, provincia de Buenos Aires. Ejerce su profesión desde hace 16 años y lleva 15 en una de las terapias de Neonatología en el mismo hospital. Reconoce que no le gusta faltar. “Y jamás necesité pedir médico por alguna enfermedad respiratoria”, aclaró.

Si bien tiene diabetes tipo 2 (requiere medicación, pero no aplicación de insulina), no era considerada como patología de riesgo para el COVID-19. Carolina advirtió a este medio que siempre mantuvo los valores controlados y se sintió bien durante toda la mitad del año pasado.

Sin embargo, en agosto último decidió hisoparse tras presentar síntomas leves de coronavirus. Con el resultado positivo, se aisló en su casa durante el tiempo que le indicaron los médicos de la Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART). “Ni mi marido ni mi hijo se contagiaron en ese momento”, aseguró.

Pese a tener el alta y haberse reincorporado al trabajo, la sintomatología nunca desapareció del todo. “Tenía cansancio y agotamiento, pero son secuelas que los médicos indican que pueden quedar. Además, con la suba de la temperatura yo relacionaba todo con el aire acondicionado y los cambios bruscos”, conto la enfermera. Al volverse los síntomas más intensos en enero, decidió hisoparse y volvió a dar positivo.

 

Para ese entonces la campaña de vacunación para personal de salud ya había comenzado y Carolina tenía un turno asignado para el 8 de enero. Sin embargo, ante el contagio, no pudo aplicarse la dosis. “El 7 recibí el resultado del hisopado así que no pude asistir”, se lamentó.

 

Según relató, la segunda vez el virus causó mayores problemas en su salud. “Fue horroroso pero no tuve que recibir internación. Estuve con mucho compromiso respiratorio. Me hicieron una radiografía y el estado de los pulmones salió muy mal”, describió.

 

A causa del daño que generó el virus, sus defensas también bajaron. Fue entonces cuando llegó el tercer diagnóstico. “En marzo mi marido, que es docente se contagió. Intentamos mantener el aislamiento, pero me lo agarré de nuevo. Nunca me logré recuperar”, aseguró.

 

Durante la conversación con este medio, la tos seca característica del COVID-19, apareció varias veces y Carolina la señaló como una de las marcas que le dejó la enfermedad. “Fue terrible y me la pase en la cama, con fiebre por momentos, no podía dormir por las noches. Estuve con corticoides, antibiótico, aparte del antitérmico y después comencé con los estudios más específicos con una neumonóloga”, agregó “Es increíble que en diciembre, cuando me hice los análisis de laboratorio completos estaba todo bien”, dijo.

Carolina Silvero trabaja en el hospital de niños de San Justo. (Foto: Google Street View).

Desde ese momento, perdió cuatro oportunidades para vacunarse. “Ahora estoy a la espera del resultado de la fibro-broncoscopía (un estudio invasivo, de mayor complejidad, que examina el estado de los pulmones con resultados más específicos de los de una tomografía) para ver el nivel de compromiso pulmonar. Mientras tanto me recomendaron los médicos no vacunarme porque no sabemos si puede ser contraproducente”, contó.

 

Cuando el asilamiento se transforma en necesidad

En este contexto, Carolina continúa en su casa, a la espera de una recuperación plena. “Desde enero hasta el día de hoy estoy encerrada, porque tengo miedo. Solo salgo para hacerme los estudios médicos, pero no veo a mis padres ni a mis hermanas porque no quiero ni correr riesgo ni contagiarlos”, remarcó.

Me apena mucho porque mi hijo tiene 12 años y no salimos a ningún lado. Y estar en compañía también ayuda a recuperarse anímicamente”, se lamentó.

Según relató, disfrutar del tiempo con los seres queridos, cantar y ensayar con la banda que formaron junto a su esposo e hijo, los tres amantes de la música, formaban parte fundamental de su vida y es uno de los objetivos a los que apunta para mejorar.

“Soy una persona hiper activa y lo único que quiero es recuperarme; verte así también te lleva a estar mal. La mente vaga mucho después”, admitió. “Yo le voy a buscar la vuelta y haré todo lo que me digan”, sostuvo.

 

“Mi familia me pide por favor que no trabaje mas, pero es mi profesión, nosotros estamos en primera línea. Ojalá algún día nos den reconocimiento de verdad”, apuntó. Además, al compartir su historia se esperanza en que “sirva para tomar consciencia” sobre la magnitud de la pandemia. “Hay gente que no cree todavía en el virus”, advirtió.