San Luis Informa 20 octubre 2020

OPINIÓN. Columnista invitado (*) | Pobreza multiplicada, hogares hacinados, hospitales inadecuados, médicos mal pagos y falta de escrúpulos desembocaron en la situación actual.

Carlos  Di Pietrantonio – M.N. 73.621

Por Carlos Di Pietrantonio – M.N. 73.621

 

Argentina tiene el caudal de infectados más importante del mundo.

Por: (AP Foto/Natacha Pisarenko)

La Argentina es un país de exitistas. Nos apasiona ser los primeros, creemos que somos los mejores y siempre pensamos que deberíamos ganar el próximo Mundial.

 

Hoy sí somos protagonistas, aunque sin pretenderlo. La situación del COVID-19 nos pone en cabeza de listas de hechos no tan deseables, como ser el país que entró por novena vez en default junto a la cuarentena más extensa del mundo y ahora (además!!), encabezar las listas de decesos diarios por millón de habitantes. Sí: alcanzamos la fatídica cifra de ocho muertes al día, superando a nuestros vecinos más afectados como Brasil y Bolivia, que apenas sobrepasan las dos muertes por día por cada millón de habitantes.

 

Centros de investigación en epidemiología de Europa y la Universidad de Oxford coinciden en informar que la Argentina tiene el caudal de infectados más importante del mundo, evidenciando el nivel de circulación viral de nuestro país y la tasa de mortalidad que tienen nuestros infectados.

 

// Coronavirus: ¿Cuándo termina esto? Una pregunta sin respuesta

 

¿Cuál es la causa?

Como epidemiólogo, considero que los determinantes son polifacéticos (directos o indirectos), pues influyen causas sociales, económicas, políticas, sanitarias y hábitos personales, todos ellos de forma aislada o interactuando entre sí.

 

Permítanme conducirlos a mi razonamiento:

 

Que la pobreza estructural es un lastre difícil de cargar socialmente es innegable, aunque no se padezcan enfermedades de base. Los pobres sin un hogar adecuado para guardar la cuarentena son tan vulnerables como un diabético o un enfermo cardiovascular. Claro está que aquellos con enfermedades crónicas (comorbilidades), aumentan exponencialmente su riesgo.

 

En el Titanic, la mayor proporción de muertos fueron de los pasajeros de clases más pobres, que no disponían de botes salvavidas (estando sanos o no).

 

Las fallas de una adecuada alimentación contribuyen, como la falta de vacunación, a un cuadro de defensa inmunológica incapaz de resistir una infección como la del COVID-19.

 

La pobreza, aunada comúnmente con falta de educación, coexiste con hábitos de higiene deficientes junto a falta de posibilidades (económicas o estructurales). Todas las causas enunciadas: hospitales inadecuados, médicos mal pagos, falta de una acertada política sanitaria, desinversión sanitaria y falta de escrúpulos, es una combinación que desemboca en esta situación actual.

 

Situación importante y tan ligada a los designios políticos, que ha demostrado en nuestro país y el mundo, que la salud nunca recibe lo necesario para estar a la altura de los acontecimientos que de ella se pretende, pues siempre es relegada por “situaciones más apremiantes”, olvidando quienes nos gobiernan que el bien más preciado a preservar por “la política” es la salud humana, la “herramienta” imprescindible para “generar el PBI” y lograr mantener vivas y activas las manos que finalmente deben votarlos.

 

Hasta que esa verdad, no sea comprendida y aceptada, las muertes por COVID-19 (u otra patología), nos abrumarán como ayer, cuando el sistema de información nacional mostraba que habíamos alcanzado 12.982 de nuevos casos en un día, 1.002.662 de infectados y un total de 26.716 fallecidos.

 

Cifras estas que sabemos no se ajustan a la realidad, pues el sistema estadístico nacional y provincial no está técnica ni estructuralmente preparado para recibir y procesar semejante cantidad de información, para brindarla en tiempo real.

 

 

Una de primeras cosas que me han enseñado en mi etapa de capacitación en Epidemiología, es que se trata de una ciencia cuyo objetivo es producir información para la acción. Si con ella no han de producirse acciones conducentes a un fin definido, es mejor dejarla de lado, pues no aportará nada.

 

Esta ciencia produce información necesaria para la inversión en salud, estrategias de abordaje sanitario, inversiones y prevención. Eso permitiría seguramente tener profesionales médicos con mejores sueldos (no solo aplausos), porque los $ 42,154 que recibe cada uno los obligan al pluriempleo, y a que terminen exhaustos, con más horas de trabajo de las que se pueden soportar y sin el recambio necesario en las áreas críticas.

 

Muchas veces como corolario final de mis columnas, he pedido a los lectores cuidarse y preservar su salud, esta vez al pedido sumo a los responsables de nuestro país y nuestro futuro.

 

Futuro que sin salud, de nada sirve…

 

(*) El doctor Carlos Di Pietrantonio (M.N. 73.621) es epidemiólogo, máster en Salud Pública. Experto en Gestión Sanitaria – Ex Director Ejecutivo del Hospital Nacional Prof. Alejandro Posadas.