San Luis Informa 28 septiembre 2020

Por Señorita Heart

 

“No me chamuyes”, le dijo Micaela firme, aunque sin dejar de sonreír. “Tengo 35 años, me acabo de separar y tengo dos hijos”, continuó convencida de que acababa de lanzar los dardos más potentes para espantar a cualquier hombre.

 

En serio, te veo cara conocida, de algún lado te conozco”, insistió aquel extraño cerca de su oído en tono divertido. A Mica le gustaba, no iba a mentir, ya lo había fichado mientras bailaba en el boliche, sintiéndose liviana, contenta de haber acompañado a su amiga y sacarse un poco de encima esa amargura que cargaba por su separación del día anterior.

 

Pero la verdad era que no estaba para amoríos con ningún otro hombre, por más atractivo que fuera, ¡y menos con chamuyeros! Marcelo, su ex pareja y padre de sus dos hijos, había sido su único novio en la vida y había mucho que tenía que procesar de aquella relación que el tiempo había desgastado y que había dejado marcas difíciles de digerir para su corazón.

 

“Contame un poco más de vos”, siguió su pretendiente de sábado por la noche, interrumpiéndole sus pensamientos. De pronto, sin saber cómo sucedió, Mica se encontró charlando con él entre risas. “¿Cómo te llamás?”, le preguntó ella. “Marcelo”. ¡No! ¡Me persiguen los Marcelos!, se dijo Mica y no pudo evitar estallar en carcajadas.

 

Micaela y el nuevo Marcelo conversaron por largo tiempo, hasta que llegó la hora de irse. A pesar de la insistencia, ella se negó a darle el teléfono: había sido un placer conocerlo, pero hasta aquí había llegado todo. Y así, con una extraña sensación flotando en el aire, se despidieron con un “De algún lado voy a conseguir tu teléfono, te lo prometo”, por parte de él.

 

El arrepentimiento, un álbum y un suceso extraordinario

A su casa llegó arrepentida. ¿Por qué no le había dado su número? Le gustaba, ¡le gustaba mucho! Pero este chico le había dicho que no tenía ni Facebook, ni Instagram, era imposible volver a encontrarlo:

 

“Me arrepentí tanto de no haberle dado mi celular”, recuerda Mica hoy. “Pensé que nunca más lo iba a volver a ver y sentí en el pecho una punzada fuerte, inexplicable. La única esperanza que me quedaba era que él, tal como había prometido que haría, consiguiera de alguna manera mi número”.

 

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Los días pasaron, transformándose en semanas. Mica trató de olvidarse del asunto sin éxito. ¿Y si él era el amor de su vida y lo había dejado pasar por el hecho de haberse separado hacía poco? ¿Acaso hay tiempos para el amor? Los manuales hablan de sanar, pero la vida es corta y, con el afán de seguir planes tal vez dejamos pasar oportunidades y destinos maravillosos… Así, los pensamientos e interrogantes de Mica no cesaron de acosarla, hasta que un día de aquel 2014, un increíble mensaje la calmó:

 

“¡Sabía que de algún lado te conocía!”, pudo leer en la pantalla de su celular. A Mica le explotó el corazón, ¡había conseguido su número! Pronto supo que el nuevo Marcelo había encontrado a su amiga varios sábados después en el boliche donde la había conocido, y ésta, sabiendo que hacía lo correcto, se lo dio.

 

 

Y en la charla por mensaje me reveló algo totalmente asombroso, me dijo: `en casa tengo un álbum de fotos tuya”, revela Mica sonriente. “Resulta ser que yo me casé con mi ex marido en el 2006 y nos fuimos de luna de miel. En ese micro viajaban la mamá y el papá del Marcelo del boliche. ¡En casi todas las fotos de sus padres ahí estoy yo, con mi ex, y el grupo de gente que nos hicimos amigos en el viaje! Así que yo ya conocía a mis suegros, antes de conocer a mi gran amor”, dice divertida.

 

Hoy, Micaela es una mujer que sonríe a cada instante. Con su Marcelo correcto tuvo un hermoso hijo en común, Lorenzo de 4 años, y formaron una familia hermosa, llena de amor y respeto.

 

“Estuve equivocada de Marcelo por muchos años hasta que conocí al Marcelo que me correspondía”, continúa riendo. “¡Y sus padres son lo más! ¿Quién iba a pensar que la mujer con la que hablaba en el baño en un parador de Brasil, con la que compartí cenas y salidas, muchos años después iba a ser mi suegra y la abuela de mi hijo menor?”.

 

Una familia feliz.Una familia feliz.

“Sin dudas, el destino quiso que yo estuviera ahí, en aquel álbum familiar de un hombre que conocí en un boliche; ese simple hecho me cambió la vida para siempre y por completo”, concluye conmovida.

 

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