La investigación judicial por los abusos sexuales a chicos y adolescentes sordos del Instituto religioso Próvolo de Mendoza avanza hacia nuevas detenciones de religiosos y personal del colegio que pueden haber sido cómplices o partícipes de las aberraciones que ocurrieron entre 2005 y 2016.

Ayer, la Justicia ordenó el pedido de captura internacional de la monja japonesa Kosaka Kumiko, quien se encontraría en Paraguay. La religiosa fue mencionada en el testimonio de una adolescente de 17 años que declaró haber sido violada cuando tenía cinco años por el cura Horacio Corbacho, detenido en el penal de Boulogne Sur Mer desde fines de noviembre del año pasado.

El colegio del horror funcionó hasta noviembre de 2016 en Mendoza. Fue cerrado en febrero de este año por las autoridades escolares, cuando llegaron las primeras denuncias judiciales de abuso sexual y violaciones a los menores internados, de entre 4 y 17 años. Desde entonces, cinco hombres permanecen detenidos y acusados por los abusos sexuales. Dos de ellos son sacerdotes: Nicola Corradi, trasladado de Italia a la Argentina y que arrastra denuncias por violación y corrupción de menores desde hace 50 años; y el cura Corbacho, egresado del seminario en La Plata. Los otros tres presos son el celador Luis Ojeda, también sordomudo; el asistente y monaguillo Jorge Bordón; y el jardinero Armando Gómez.

La víctima, que estuvo albergada en el Próvolo desde los 5 años hasta los 15, guió al fiscal de la causa Gustavo Stroppiana, a sus asistentes y los abogados de ambas partes, hasta el baño donde fue violada. “Contó que fue abusada anal y vaginalmente por el cura Corbacho”, confirmaron distintas fuentes que participan de la causa.

La nena tenía sólo 5 años y recordó en su declaración judicial que esa noche, “una monja de la institución tuvo que colocarle un pañal por la cantidad de sangre que perdía”. No es la primera vez que se menciona la participación y complicidad de las monjas y de la directora del colegio.

Ahora la investigación está abocada a buscar más responsables o cómplices de los vejámenes. Aparecen testimonios que comprometen a dos monjas, ambas extranjeras -una de ellas japonesa-. Y, según denunció el abogado Carlos Lombardi, patrocinante de la familia de una adolescente hipoacúsica, “la monja japonesa era quien la golpeaba y maltrataba, produciéndole lesiones”. La religiosa tiene alrededor de 60 años y dejó el Próvolo de Mendoza hace tres. La Fiscalía busca con Interpol a la religiosa como partícipe primaria de los abusos y las violaciones y según muchos testigos era quien observaba cuando se producían los ataques sexuales.

 

 
 
 
 
 
 
 

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