El médico psiquiatra y psicoanalista, José Eduardo Abadi, reflexionó sobre una posible relación entre los cuestionamientos a la sociedad patriarcal y las nuevas tendencias en los vínculos amorosos.

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Vivimos tiempos de cambios en las relaciones y existe un cuestionamiento del amor tal como lo conocíamos. Algunas corrientes del feminismo sostienen que la monogamia es parte de la cultura patriarcal y por esto se ponen bajo la lupa frases como “la mujer de mi vida” o “el motor de mi vida”, que pueden implicar cierta asimetría o tocididad en los vínculos. ¿Significa esto el fin de la idea de “amor romántico”?

Según el médico psiquiatra Eduardo Abadi, “el amor es la idea de un encuentro singular, en donde hay un registro de un otro que me ubica a mí en un plano diferente al cual estaba antes. Aquello que me resignifica y me hace testigo de mi propia existencia, lo que nos da historia y sentido”.

“No creo que el amor romántico sea patrimonio de la cultura patriarcal”, comentó el profesor del Instituto de Psicoanálisis en diálogo con Pensándolo Bien. “El amor está muy ligado no solamente a lo atractivo, a aquello que primero comienza por los ojos, sino que también hay construcción compartida. Eso implica la necesidad de transitarse recíprocamente, tener noción de que hay uno más en este mundo, desterrar el ego narcisista para poder encontrar a ese otro que me da un sentido distinto”.

Sin embargo, destacó que muchas veces lo que parece estar detrás de frases como “la mujer de mi vida” es una actitud “posesiva” que hace referencia a la conquista como “apropiación de la persona” donde ésta se convierte en un “objeto de poder”.

En ese sentido, según el autor del libro El sexo del nuevo siglo, “el amor romántico es vivido como la sumisión de la mujer. Si es pensado desde allí, como que el amor está ligado a la conquista, ahí sí podríamos pensar que tiene una variante de una cultura patriarcal”.

“Pero si al amor no lo consideramos como la conquista, sino como lo que viene después de ésta y que es más propio de la paz en donde hay una valoración significativa de esa otra persona que me da sentido, desde ahí habría como una versión romántica no tan convencional pero que tendría que ver con el encuentro romántico”, expuso.

Además, mencionó que en la etapa del enamoramiento, “cuando está en juego el deseo de que aquella persona a la cual se idealiza se convierta en aquella que me elija, hay como una variante de tensiones de poder donde está la conquista como forma de envolver a la otra persona y hacerla propia”.

El poliamor es un neologismo que está muy en boga y que causa mucha polémica. “Yo creo que el amor en términos de realización genuina tiene un solo depositario. Si ese amor en algún momento dado concluye, se desgasta, se termina, la persona podrá volver a enamorarse. No creo que en la relación de amor haya otra simultánea que sea válida. Creo que en esa relación de amor hay un pacto a cumplir”, explicó Abadi.

“La psicosexualidad, aquella en la que elegimos porque amamos a otra persona para un proyecto en el cual hay en ese encuentro un cuidado y una construcción que nos permite trascender la individualidad, incluye la renuncia”, agregó. 

Sin embargo, para Abadi, existen “vínculos neuróticos que están lejos de la idea de amor” como por ejemplo, aquellos en los cuales las personas manifiestan un sufrimiento pero no abandonan la relación.

“Puede haber un atractivo erótico, pero el amor tiene que ver con que hay un registro que el otro es importante y donde hay una presencia que no solamente está en juego lo que tiene que ver con la excitación, con lo que sería la relación erótica, sino con la ternura, la protección, el conocerse, el compartir y el diálogo”, explicó.

“Las relaciones no son necesariamente asimétricas”, comentó. El asunto tiene que ver con que “puede haber un crecimiento de algún integrante de la pareja que los lleve a un nivel de desarrollo mejor que el otro, y no por esto ello implica que uno domina al otro”, argumentó.

Finalmente, concluyó que “en una relación simétrica lo que queda afuera es la idea de dominación, sumisión y un miedo que pone al vínculo fuera de un proyecto de amor en desarrollo. Hay parejas donde se logra esta simetría, donde hay un acompañamiento en el crecimiento del otro y el propio”.

Fuente: Pensándolo Bien

 
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